viernes, 15 de abril de 2011

Amor y bebé

 Esta es la segunda entrega de Sueños de Ara, espero que os guste.

El tiempo fue pasando. Había por lo menos transcurrido un año desde que los conocí en la playa. Estaba feliz. Eran muy buenas personas y sabían como divertirse. Un día nos fuimos todos juntos a practicar senderismo. Carlos era un gran aficionado. La cuestión era no separarnos. Pero no se como al final Marcos y yo nos perdimos. Íbamos a la cola del grupo, a veces algo rezagados. Creo que en un cruce escogimos la dirección equivocada y en vez de seguir al grupo nos dirigimos hacia el río. Ninguno de los dos conocía el lugar. Intentamos volver sobre nuestros pasos, pero era inútil. Había demasiados cruces y a saber en cual nos habíamos separado. Marcos intentó llamar a Carlos al móvil, pero no había cobertura. Se estaba haciendo de noche y estábamos perdidos. No sabíamos que hacer. Seguimos caminando. Al rato encontramos un lugar resguardado entre las piedras. Estaba oscureciendo. Era mejor parar y resguardarse de la noche. En ese lugar estaríamos bien. A medida que caía la noche, la oscuridad era mayor y el frío aumentaba.

Yo estaba temblando, pero no quería preocupar a Marcos. Él al verme tiritar, se acerca suavemente y me abraza fuertemente. Me pregunta si estoy mejor. Yo le digo que si. Es agradable estar entre sus brazos. Me acurruco apoyando mi cabeza sobre su hombro. Él suavemente me acaricia en la cara y me aparta un poco el cabello. Se siente bien. Le abrazo. Miro hacia sus ojos. Se acerca suavemente y me susurra al oído. Entre todas las palabras que me dice, hay unas que me dejan impactada. Estas son: Te quiero Ara, desde el día en que te salvé la vida. En ese momento, me giro y busco instintivamente sus labios. Le beso y el me besa. Cada vez hay más pasión en los besos que nos damos. Todo surge. La pasión es cada vez mayor. Al final terminamos haciendo el amor en el calor del momento. Al final, abrazados y agotados por el momento, nos quedamos dormidos.

Por la mañana, nos despierta el ruido de un helicóptero. Fijo que nos están buscando, es lo que pensamos. Decidimos subirnos a lo alto de las rocas, para que así sea más fácil que nos vean desde el helicóptero. Nos rescatan. Ahora todo está bien. O eso pensamos.

No se aún porqué, pero no le contamos a nadie lo que sucedió esa noche que estuvimos perdidos. Pero tampoco es que insistieran mucho en saberlo. Creo que se lo imaginaban.

Al sábado siguiente, Marcos y yo quedamos en una cafetería. Teníamos que hablar. En medio de la conversación, el me pidió que saliera con él. Mi respuesta fue si. Desde aquella noche, algo había cambiado dentro de mi. Mis sentimientos hacia el habían cambiado. No podía hacer otra cosa que pensar en él. Estaba claro que le quería. Cada día que pasaba le quería más. Esa misma noche se lo comentamos al resto de la pandilla, aunque por como nos comportábamos el uno con el otro, creo que no era necesario decir nada.

El mes fue pasando, y estábamos encantados. La relación nos iba genial. Teníamos alguna que otra pelea por alguna tontería. Aún no sabíamos lo que estaba por venir. Yo no me preocupé demasiado, pero el periodo no me daba bajado. Llevaba un retraso de medio mes, pero lo achaqué al estrés típico del mes de junio. Siempre solía retrasárseme en esa época. Que mal hice al no darle importancia. El mes se estaba terminando ya, y los exámenes se habían terminado. Ya estaba mucho más relajada. Comenzamos el mes de julio. Y se me olvidó por completo el tema. La playa estaba al lado, e íbamos todos los días. Mi relación con Marcos era lo mejor que me había pasado nunca.

Una de esas tardes en la playa, las chicas de la pandilla estábamos hablando, y Blanca, la novia de Carlos, comentó que el otro día había tenido un susto con la menstruación. Ella toma la píldora desde hace casi dos años, y siempre había tenido la menstruación tan puntual como un reloj suizo. Pero el mes pasado se le había retrasado. Con el susto se hizo una prueba de embarazo y salió negativa. Menos mal que todo se había quedado en un susto. Y hablando y hablando, me doy cuenta de que hace ya dos meses largos que no me había venido a mi. Me pongo a pensar, y me doy cuenta que no me había venido desde antes de que Marcos y yo nos perdiéramos en el bosque, y en el calor del momento termináramos haciéndolo. Era posible que estuviera embarazada. Me comienza a entrar el miedo. Es posible que este embarazada. Mis amigas notan la cara de preocupación que tengo. Y comienzan a interrogarme. Al final termino contándole todo lo sucedido aquella noche. Prometen guardar silencio y no decir nada. También me dan su apoyo. Me acompañan a comprar una prueba de embarazo. Me la hago. Me da miedo mirar el resultado. Pero es inevitable, mejor salir de dudas. Miro el resultado, y si, estoy embarazada.

En ese momento parece que se me viene el mundo encima. ¿Qué voy a hacer yo con un bebé y sin trabajo para mantenerle? ¿Como se lo digo a Marcos? ¿Y a mis padres? Son las preguntas que comienzan a rondarme la cabeza. Comienzo a llorar. Mis amigas intentan apoyarme. Se lo agradezco mucho. Son las mejores amigas que una pueda tener. Al final, me convencen para que hable primero con Marcos, se que es muy comprensivo, pero esto no es un tema para tomarlo a broma.

jueves, 7 de abril de 2011

Intento de...

Estaba llegando a casa, cuando de repente alguien se acerca por detrás. Por culpa de la mala iluminación de la calle, no pude verle bien el rostro a mi agresor. No me dio tiempo de reaccionar. El tío me agarró por detrás, con una mano me tapó la boca y la otra la metió por entre las piernas. En ese momento fue cuando me dí cuenta de que me quería violar. Mantuve la sangre fría y forcejeé hasta que logré soltarme. Durante el forcejeo primero le pisé fuertemente con el tacón y luego le metí un rodillazo en la entrepierna. Menos mal que en situaciones de miedo soy capaz de mantener la calma. Escapé corriendo calle arriba, pero a esas horas ya no había nadie. Me veía sola, sin nadie que me ayudara. El tío se recuperó y me persiguió con todas sus fuerzas. Daba zancadas tan grandes que por más que corría, no tardó ni diez segundos en atraparme. Pero esta vez no intentó violarme sino que me ató las manos y los pies y me cargó hasta un coche negro que se encontraba estacionado un poco mas abajo. Me tiró sobre el asiento trasero y cerró la puerta.



Salimos de la ciudad, no se hacia donde se dirigía, pero tenía claro que era necesario escapar. Nada bueno podía salir de esa situación. Poco a poco conseguí calmarme y pensar con más claridad. Lo primero que tenía que hacer era librarme de esas ataduras. Comencé a mover las manos e intentar tirar de la cuerda. Me costó un rato pero al fin conseguí desatar las manos. Ahora solo quedaba desatar los pies. Pero eso no iba a ser tarea fácil, porque no quería que se enterara. Seguíamos viajando. De repente, aminora la velocidad y para el coche en una zona de curvas. Pero, para mi suerte, para en un viejo camino en desuso, un lugar donde es fácil maniobrar. El tío apaga las luces y baja del coche, pero deja las llaves puestas en el contacto y el motor encendido. Esta es la mía, pienso. rápidamente pongo el seguro al coche, ya no puede entrar fácilmente. Es una zona boscosa, sin casas cerca. Desato los pies. Y aun no se bien como, me muevo hacia delate por el espacio del medio. El tío ni se entera, sigue tranquilamente a lo suyo. Una vez en el asiento del conductor, coloco bien el asiento y arranco el coche y acelero. Enciendo las luces y me marcho con el coche. El tío intenta correr detrás del coche pero no es capaz de alcanzarme. Me dirijo nuevamente a la ciudad. Y denuncio al tío



Pasados unos días. La policía me llama. Han detenido al presunto secuestrador. Me dicen que el coche era robado. Me dan las gracias por haberlo llevado en buen estado. A partir del coche consiguen identificar al tío No tiene forma de decir que no fue él. Las pruebas son arrolladoras. Yo también logro identificarlo. Sabe que será condenado. Yo estoy feliz. Nunca pensé que eso fuera a pasarme y menos aún que fuera capaz de mantener la sangre fría como para poder escapar de semejante forma. Pero desde esa decidí apuntarme a clases de defensa personal. Y tener más cuidado cuando voy por la calle. Ahora siempre me fijo en las sombras.