domingo, 27 de marzo de 2011

Sueños de Ara

 EL COMIENZO

Hace ya tiempo, buscando entre mis viejos recuerdos, encontré un diario. Me lo habían regalado el día que cumplí doce años. Pero en aquella época nunca me decidí a escribirlo. Poco a poco se fue quedando relegado en las profundidades del armario, junto a mis viejos libros de texto. De esto, debe hacer ya, algo más de 10 años. Y como cambian las cosas. En aquella época yo era muy feliz, jugaba con mis muñecas y tenía un montón de amigos. Pero con el tiempo, poco a poco, nos fuimos separando. Hace aproximadamente tres meses, mis padres se mudaron a un pequeño pueblo costero del norte. Y como no, yo con ellos. Fue durante esa mudanza cuando recogiendo las cosas, y seleccionándolas, me encontré con el diario. Este era aproximadamente del tamaño de una libreta, de tapas negras y una rosa blanca, suavemente dibujada en la parte inferior derecha. La verdad es que no era un regalo demasiado llamativo para una niña de 12 años.
El mismo día que nos mudamos, mis mejores amigos tuvieron un accidente de tráfico muy grave, el choque fue tan fuerte que los 5 murieron en el acto. Yo no pude despedirme de ellos, ya estaba viajando hasta la otra punta del País y no me enteré del accidente hasta 3 días después. En ese momento pensé que se me caía el mundo encima. Me veía sola, en un lugar donde no conocía a nadie, y ya no podía hablar con mis amigos porque no estaban en este mundo. La mudanza en sí ya me deprimía, pero esa noticia me deprimió hasta el punto de que estuve al borde del abismo. Me negaba a comer, no salia de mi habitación, las persianas estaban siempre bajas y la luz apagada. Lo único que hacía era llorar, llorar de pena. Mis padres ya no sabían que hacer, intentaron ayudarme llevándome a un psicólogo, aunque yo me negaba a salir de la habitación. En ese momento no quería a nadie cerca.
Cuando me vio el psicólogo, yo no estaba para nada arreglada, llevaba el pelo medio alborotado, una camiseta negra que me quedaba algo floja y unos vaqueros, lo primero que me dijo fue ¿Tu escribes algún diario? Mi respuesta fue negativa, pues nunca había escrito uno. Es más soy pésima organizando mis cosas, así que nunca se me paso por la cabeza escribir uno. La siguiente pregunta que me hizo, me sorprendió más si cabe, ¿cuál es tu nombre? nunca entendí el motivo de esa pregunta pues ya lo sabía de antemano porque mis padres se lo dijeron, pero de todos modos le respondí: mi nombre es Ara. Después de eso siguió preguntándome cosas acerca de mi vida, pero cosas triviales como si iba bien en los estudios, o si me gustaba la pasta. En esa consulta estaría aproximadamente una hora.
Cuando llegué a casa después de la consulta, me dirigí hacia habitación, seguía sin querer hablar con nadie. Abro la puerta de la habitación, me dirijo hacia la cama y allí, encima de la cama, veo aquel diario que hacía años que tenía pero nunca había escrito. Esa noche, después de darle vueltas en la cabeza durante dos horas, me decidí a coger un bolígrafo y comenzar a escribir en el diario.
Comencé escribiendo una breve introducción de quién era yo, y lo que me gustaba hacer. A medida que iba escribiendo, las lagrimas se iban desapareciendo poco a poco de los ojos. Me sentía mejor. Eso fue mientras estaba escribiendo cosas triviales. Pero al pasar la pagina, comencé a escribir sobre como me habían dado la noticia de la mudanza, apenas unos días antes de que esta se llevara a cabo, al recordar aquellos momentos, las lagrimas comenzaron a brotar de nuevo de mis ojos, pero al mismo tiempo sentía como si en mi alma me quitaran un peso de encima. A pesar de las lagrimas, seguí escribiendo las broncas con mis padres por no haberme dicho nada de la mudanza, como me negaba a marchar de aquella bulliciosa ciudad donde tenía hecha mi vida. Lo escribí todo, con mucho detalle. Hasta el momento en el que comencé a recordar como me había enterado de la fatídica noticia del accidente. La mañana antes del accidente ellos estuvieron ayudándome a meter las cosas en el camión de las mudanzas, conseguían que entre toda aquella tristeza por la despedida, estuviera feliz. Me decían que vendrían a visitarme en verano, después de los exámenes. También me decían que yo bajaría a verles en Semana Santa. Todo eso por la mañana. A mediodía, después de comer, me despido de ellos. Pensando que pronto les volvería a ver.
Las lagrimas brotan cada vez más fuerte, no soy capaz casi de ver lo que estoy escribiendo, pero me siento mejor. Comienzo a escribir lo que parece una carta de despedida, es una hoja nueva. Termino de escribirla, me llevó casi dos hojas completas. Cojo un par de folios y la copio. Me levanto, son casi las 12 de la noche, visto el vestido negro que tiene algo de vuelo. Voy al baño, me lavo la cara, parece que las lagrimas ya no vienen, termino de arreglarme, me pongo la americana rosa y los botines. cojo el bolso negro. Bajo corriendo las escaleras y salgo por la puerta. No siento que mis padres me sigan. Estoy completamente sola en la noche, en un pueblo que apenas vi un par de veces. Me dirijo hacia la playa. Oigo ruido, parece que hay gente de botellón. Me acuerdo de que es viernes. Sigo caminando. Me acerco hasta un recogido que hay entre las rocas. La marea está baja, pero yo no me doy cuenta, donde vivía antes el nivel de la marea apenas variaba unos centímetros a lo largo del día. Miro en el bolso, por suerte tengo un mechero. Quemo los dos folios, al hacerlo siento una extraña paz en mi interior, es como si me estuviera despidiendo de mis amigos. Me quedo absorta recordando los buenos ratos que pasamos juntos. Las horas pasan y la marea va subiendo. No me doy cuenta hasta que comienza a entrarme el agua por los botines. Tengo miedo. Intento escalar las rocas, pero no soy capaz. Tengo la sensación de que si no salgo de allí terminará ahogada. Me descalzo, cojo los botines e intento salir por donde entre, no soy capaz, el agua está muy alta ya y la playa queda excesivamente lejos. No se que hacer. Entro en pánico. Noto como comienza a faltarme el aire. Me desmayo.
Cuando me despierto estoy tumbada en la playa, a mi alrededor hay un grupo de gente. Pregunto lo que ha pasado. Como es que sigo viva. Me responden, me dicen que Marcos me ha salvado. Que me vio mientras iba a darse un baño y se acercó. Vio que estaba inconsciente y me trajo hasta la orilla. Le doy las gracias y me presento. Ellos me preguntan si soy nueva en la zona porque nunca antes me vieron. Les respondo que si, que me mude al pueblo habrá un par de meses, pero que era la primera vez que salia de casa. Sienten curiosidad, les cuento mi historia. Como mis amigos murieron en un accidente de tráfico. Me siento bien con ellos, creo que son algo mayores que yo, pero la diferencia será de un año o dos. Me preguntan si voy al instituto. Comienzo a reírme, les digo que llevo ya cuatro años en la universidad, que pedí un traslado del expediente para terminar la carrera en la universidad que hay cerca de aquel pueblo. Ellos me dicen que también están en la universidad, que están terminando. Como suponía son mas o menos de mi edad.
El tiempo fue pasando, cada vez me sentía más integrada en aquel pueblo. Tenía nuevos amigos, cada vez los quería más. Eran muy buenas personas. Mis padres también notaban el cambio. Me veían cada día más feliz.



Amor y bebé


El tiempo fue pasando. Había por lo menos transcurrido un año desde que los conocí en la playa. Estaba feliz. Eran muy buenas personas y sabían como divertirse. Un día nos fuimos todos juntos a practicar senderismo. Carlos era un gran aficionado. La cuestión era no separarnos. Pero no se como al final Marcos y yo nos perdimos. Íbamos a la cola del grupo, a veces algo rezagados. Creo que en un cruce escogimos la dirección equivocada y en vez de seguir al grupo nos dirigimos hacia el río. Ninguno de los dos conocía el lugar. Intentamos volver sobre nuestros pasos, pero era inútil. Había demasiados cruces y a saber en cual nos habíamos separado. Marcos intentó llamar a Carlos al móvil, pero no había cobertura. Se estaba haciendo de noche y estábamos perdidos. No sabíamos que hacer. Seguimos caminando. Al rato encontramos un lugar resguardado entre las piedras. Estaba oscureciendo. Era mejor parar y resguardarse de la noche. En ese lugar estaríamos bien. A medida que caía la noche, la oscuridad era mayor y el frío aumentaba.
Yo estaba temblando, pero no quería preocupar a Marcos. Él al verme tiritar, se acerca suavemente y me abraza fuertemente. Me pregunta si estoy mejor. Yo le digo que si. Es agradable estar entre sus brazos. Me acurruco apoyando mi cabeza sobre su hombro. Él suavemente me acaricia en la cara y me aparta un poco el cabello. Se siente bien. Le abrazo. Miro hacia sus ojos. Se acerca suavemente y me susurra al oído. Entre todas las palabras que me dice, hay unas que me dejan impactada. Estas son: Te quiero Ara, desde el día en que te salvé la vida. En ese momento, me giro y busco instintivamente sus labios. Le beso y el me besa. Cada vez hay más pasión en los besos que nos damos. Todo surge. La pasión es cada vez mayor. Al final terminamos haciendo el amor en el calor del momento. Al final, abrazados y agotados por el momento, nos quedamos dormidos.
Por la mañana, nos despierta el ruido de un helicóptero. Fijo que nos están buscando, es lo que pensamos. Decidimos subirnos a lo alto de las rocas, para que así sea más fácil que nos vean desde el helicóptero. Nos rescatan. Ahora todo está bien. O eso pensamos.
No se aún porqué, pero no le contamos a nadie lo que sucedió esa noche que estuvimos perdidos. Pero tampoco es que insistieran mucho en saberlo. Creo que se lo imaginaban.
Al sábado siguiente, Marcos y yo quedamos en una cafetería. Teníamos que hablar. En medio de la conversación, el me pidió que saliera con él. Mi respuesta fue si. Desde aquella noche, algo había cambiado dentro de mi. Mis sentimientos hacia el habían cambiado. No podía hacer otra cosa que pensar en él. Estaba claro que le quería. Cada día que pasaba le quería más. Esa misma noche se lo comentamos al resto de la pandilla, aunque por como nos comportábamos el uno con el otro, creo que no era necesario decir nada.
El mes fue pasando, y estábamos encantados. La relación nos iba genial. Teníamos alguna que otra pelea por alguna tontería. Aún no sabíamos lo que estaba por venir. Yo no me preocupé demasiado, pero el periodo no me daba bajado. Llevaba un retraso de medio mes, pero lo achaqué al estrés típico del mes de junio. Siempre solía retrasárseme en esa época. Que mal hice al no darle importancia. El mes se estaba terminando ya, y los exámenes se habían terminado. Ya estaba mucho más relajada. Comenzamos el mes de julio. Y se me olvidó por completo el tema. La playa estaba al lado, e íbamos todos los días. Mi relación con Marcos era lo mejor que me había pasado nunca.
Una de esas tardes en la playa, las chicas de la pandilla estábamos hablando, y Blanca, la novia de Carlos, comentó que el otro día había tenido un susto con la menstruación. Ella toma la píldora desde hace casi dos años, y siempre había tenido la menstruación tan puntual como un reloj suizo. Pero el mes pasado se le había retrasado. Con el susto se hizo una prueba de embarazo y salió negativa. Menos mal que todo se había quedado en un susto. Y hablando y hablando, me doy cuenta de que hace ya dos meses largos que no me había venido a mi. Me pongo a pensar, y me doy cuenta que no me había venido desde antes de que Marcos y yo nos perdiéramos en el bosque, y en el calor del momento termináramos haciéndolo. Era posible que estuviera embarazada. Me comienza a entrar el miedo. Es posible que este embarazada. Mis amigas notan la cara de preocupación que tengo. Y comienzan a interrogarme. Al final termino contándole todo lo sucedido aquella noche. Prometen guardar silencio y no decir nada. También me dan su apoyo. Me acompañan a comprar una prueba de embarazo. Me la hago. Me da miedo mirar el resultado. Pero es inevitable, mejor salir de dudas. Miro el resultado, y si, estoy embarazada.
En ese momento parece que se me viene el mundo encima. ¿Qué voy a hacer yo con un bebé y sin trabajo para mantenerle? ¿Como se lo digo a Marcos? ¿Y a mis padres? Son las preguntas que comienzan a rondarme la cabeza. Comienzo a llorar. Mis amigas intentan apoyarme. Se lo agradezco mucho. Son las mejores amigas que una pueda tener. Al final, me convencen para que hable primero con Marcos, se que es muy comprensivo, pero esto no es un tema para tomarlo a broma.

LA DECISIÓN

Quedo con Marcos en la cafetería de siempre. Llego un poco antes que él. Estoy nerviosa. No se como decírselo. Tengo que ser valiente. Es necesario que lo sepa, que estoy embarazada. Pero me da miedo su reacción. Aun llevamos poco tiempo juntos. Se que no lo puedo retrasar más, porque al final será muy evidente. Le quiero. Confío en él. Se que me apoyará en cualquiera que sea mi decisión. El problema es que aun no se lo que quiero. Tener un bebé, es algo que siempre quise, pero creo que todavía no estoy preparada. Mejor se lo cuento y decidimos entre los dos. Sea cual sea la decisión será dura. Abortar es una posibilidad. Será duro ir a la clínica y hacerlo. Pero así me libraría del problema. Pero también quiero tener al bebé. Se que si aborto, me marcará de por vida. Abortar no es más que quitar la vida a un niño que aun no ha nacido. Además ya estoy de 2 meses y medio, y cuanto más tiempo pasa, más peligroso es para la madre. Tengo que aclararme. Tener ahora un bebé será problemático. Tengo que terminar mis estudios y encontrar trabajo. Con un bebé será más difícil. Pero se que Marcos me apoyará y me ayudará. Y mis padres también. Creo que será mejor tenerlo.

Marcos llega. Se sienta a mi lado. Tiene la cara seria. Creo que se imagina lo que le tengo que contar. Espero que no se enfade. Quiero que siga siendo el de siempre. Me abraza. Me susurra al oído te quiero. Me pongo más nerviosa aun. Tengo que decírselo, pero las palabras no salen de mi boca. Me centro en lo que tengo que decirle. Pero me voy por las ramas:

- Yo también te quiero Marcos, eres lo más importante para mi. Tengo que contarte algo muy importante. Quiero que te enteres por mi, no por terceros. No te enfades por lo que te voy a decir. El error ya ha sido cometido. Ahora solo nos queda afrontar las consecuencias. Hay que ser fuertes. Juntos podremos superarlo.

- ¿Que pasa Ara?

- No se como contártelo.

- ¿Me has puesto los cuernos?

- No es eso Marcos.

- ¿Entoces que es lo que quieres decirme?

- Te quiero mucho, y dentro de mi crece el fruto de nuestro amor. Estoy embarazada.

Al oír esas palabras, Marcos se queda paralizado cual estatua de piedra. Lo sabía, se ha enfadado. Me obligará a abortar y me dejará. No soy capaz de pensar otra cosa. De repente me pregunta:

- ¿Qué es lo que vas a hacer? ¿Lo tienes claro ya? ¿Lo vas a tener? ¿O prefieres abortar?

- Aun no lo tengo del todo claro, mi amor. Yo quiero tenerlo, pero sola no voy a poder cuidar de él. También quiero terminar mis estudios, y será mucho más problemático. Mis padres aun no saben nada. No se cual será su reacción al enterarse. Pero abortar es quitarle la vida a nuestro hijo. Tampoco quiero eso. Es nuestro, el fruto de nuestro amor y a la vez nuestro error. Él no tiene la culpa de nada. No quiero matarle.

- Yo te apoyaré sea cual sea la decisión. Te ayudaré a cuidarlo, te cuidaré a ti también. Si quieres abortar te acompañaré en todo momento. Pero si quieres tenerlo, estaré a tu lado por siempre. Será difícil al principio, pero saldremos adelante. Habrá que contárselo a tus padres y a los míos. No será fácil que lo acepten. Pero terminarán por aceptarlo. Va a ser su nieto, su primer nieto. Nuestra felicidad.

- Te quiero Marcos.

Después de decírselo a Marcos, me sentí más aliviada. La tensión poco a poco se va desvaneciendo y mis miedos disipándose. Se que cuento con el apoyo de Marcos. Que me acompañará mañana cuando se lo cuente a mis padres. Que me defenderá. Me dará su apoyo. Estará conmigo en todo momento.

1 comentario:

  1. Una historia muy buena e intrigante, estoy impaciente por que continues con la historia, y enhorabuena por todo lo que escribes, lo haces genial :)

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